jueves 15 de julio de 2010

La religión de "Lost".


Hace muchos años atrás, en el limbo del blogozoico, decidí que "Lost" era una serie televisiva que valía la pena ver. Se la saludaba como la "Twin Peaks" o la "Expedientes X" del siglo XXI, lo que en definitiva, conociendo lo poco parecidas que eran ambas series, significaba que era algo tan nuevo que nadie lo podía asimilar a algo previo. Si además de eso era una producción con buenos guiones y un buen presupuesto, entonces sería una experiencia que valdría la pena seguir. De manera que me embarqué en la primera temporada, que fue magnífica, y en su segunda, que fue un desastre. Pero la tercera temporada, no hubo por donde tomarla, así es que simplemente abandoné el barco. No sé en qué habrá acabado la cuarta, la quinta y la sexta, pero revisando la tormenta de declaraciones de esto o aquello, parece que la serie nunca alzó el vuelo, y aunque siguió con aceptables rankings, parece ser que muchos de ellos siguieron porque había una promesa de término.


Si en esa época yo hubiera conocido el nombre de J.J. Abrams, probablemente me lo hubiera pensado dos veces antes de meterme a perder horas de mi vida en "Lost". Nunca había visto "Felicity" y tampoco "Alias", series producidas por el ínclito, de manera que llegaba a "Lost" sin saber bien qué me iba a encontrar. De hecho, cuando se estrenó "Fringe", me pensé en darle una segunda oportunidad a Abrams. Mal que mal, Abrams me había entretenido dirigiendo la aceptablemente palomitera película "Misión Imposible III". Y en el 2009, su reinvención de "Star Trek" estuvo también con sus puntos buenos. Pero por razones varias, no pude empezar a ver "Fringe", después me dio flojera sumarme a la mitad, y al último, cuando supe que todos los misterios se resolvían porque todo en realidad era sobre universos paralelos, no pude menos que decepcionarme. Después de todo, el tema del universo paralelo es uno de los recursos argumentales más manidos y menos originales de todo el siglo XX, porque cualquier cosa que no calce, es posible enviarla allá y asunto arreglado (¿han notado, los que me hayan seguido en "Corona de Amenofis", que en cuatro años no he necesitado recurrir a esa trampa argumental?). Y quizás no de manera casual, resulta que en "Lost" al final sí surgió un universo paralelo, que era la vida después de la muerte o algo así, a según la interpretación. Por cierto, también en "Star Trek", los acontecimientos de la película hacen surgir una línea de tiempo alternativa a las diez películas anteriores, o sea, otro universo paralelo más. Si la manera de resolver nudos argumentales es decir que todas las contradicciones se explican porque pasan en varios universos distintos como recurso habitual, es que tenemos a un tipo bastante patán a la hora de inventarse soluciones narrativas a las horas de meterse en líos argumentales.


Y esto me lleva a lo que es el principal problema con J.J. Abrams, la razón fundamental por la que le he perdido el respeto que le tenía. Muy en el fondo, por debajo de su ropaje de ir de moderno por la vida, Abrams es un neocon de manual. Porque en el fondo, usa el recurso de los universos paralelos para satisfacer los más bajos instintos místicos del populacho. A mucha gente le gusta pensar que, por debajo del caos de la vida cotidiana en las cosas resultan a medias y mal, y jamás al gusto de uno, en realidad hay un sentido de las cosas. Y debe reconocérsele ese talento, J.J. Abrams es un maestro excitando esas bajas pasiones de la chusma. Con sus creaciones, Abrams le susurra al oído de esos perdedores que se niegan a ser los perdedores del sistema: "en realidad no eres un perdedor, simplemente estás en un universo que está condenado, pero en ese otro universo que te muestro, tú eres luz y gloria, y eres mejor que los demás". ¿Alguien acaso ha visto a un fanático de "Lost" que sea humilde? Yo no. Todos los fanáticos de "Lost" defienden la serie con una soberbia enorme, precisamente porque al seguir la serie, se sienten partícipes de un misterio más grande que ellos mismos, y que sólo ellos comprenden. "Lost" y las otras creaciones abrámicas les sirven entonces para catalizar todas sus frustraciones y sentirse mejor que "la masa". Y "la masa" son todos los que no comulgan con ellos, todos los herejes que se atreven a afirmar que "Lost" es una mala serie de televisión, sin patas ni cabeza, que pretenden hacer de dicha serie un evangelio en vez de admitir que es una producción televisiva como cualquier otra, destinada a hacer negocio con sus seguidores vendiendo publicidad a cambio de las peripecias de un puñado de personajes. "Lost" va sobre universos paralelos, y es en sí misma el universo paralelo catódico frente a nuestro universo de verdad, en donde los seguidores de "Lost" les gustaría verse reflejados en una comunión cuasimística. En el fondo, no hay mucha diferencia entre el corpus mitológico de "Lost", y el de cualquier religión al uso. Y razonar con un fanático duro de "Lost" es una pérdida de tiempo tan grande como hacerlo con un fanático de cualquier otra religión, porque ellos jamás aceptarán que su Emperador (o Mesías) va desnudo.


¿Cómo fue que J.J. Abrams lo consiguió? La respuesta es simple: gracias a una inspirada estrategia de marketing. Mientras las otras series de televisión se venden como lo que son, o sea, ficciones más o menos entretenidas para divertir a la audiencia, "Lost" se vendió desde el comienzo como una serie trascendente. Habría un misterio, que sería accesible a los que siguieran la serie, y se prometía que al final habría una respuesta. Los elementos de la serie eran simples, en un principio al menos, y muy potentes: un avión accidentado, un grupo de náufragos, una isla misteriosa. Es la vieja idea heideggeriana de los seres humanos que estamos arrojados en la existencia. El absurdo de que la isla desierta apareciera después cada vez más y más poblada, hasta transformarse casi en un "Y dónde está Wally", es algo que ningún fanático podría encarar simplemente porque esta complejidad gradual es un conocimiento esotérico reservado sólo para los iniciados que hayan seguido la serie desde el comienzo, mientras que para el mundo exterior, la isla desierta sigue siendo una isla desierta en donde pasan cosas raras. Pero en la segunda temporada, y más aún en la tercera, se hizo evidente la estrategia, y muchos fanáticos decidieron bajarse al darse cuenta de que les estaban tomando el pelo. Era algo que se veía venir, en todo caso, porque si la serie se basa en un misterio y la serie tiene éxito, entonces la única manera de seguirle sacando provecho es empujando el misterio hacia adelante. Y aquí se produjo la gran escisión: los creyentes tibios se salieron, y los creyentes duros siguieron incólumnes hasta el final, reforzados porque habían dado su salto de fe. No es raro que el final de "Lost" haya producido reacciones tan polarizadas entre los que tuvieron las agallas de seguirla hasta el final. Porque este final no se trataba sólo de que fuera la conclusión de una historia, sino además la comunión con algo superior o trascendente, con la respuesta del misterio. Y esa comunión con lo divino, o la tienes o no la tienes. No hay medias tintas en hablar cara a cara con Dios.


En principio podría pensarse, después de todo lo dicho, que estoy molesto con "Lost". La verdad es que no. Aposté por una serie televisiva, y perdí. O simplemente yo no estaba dentro del nicho, así como mucha gente. Para ser seguidor de "Lost" hay que dejar de lado el racionalismo e incluso hasta el sentido común. A mí, ambas cosas me cuestan. Otras personas con más vocación mística, a lo mejor consigan dar ese salto. Bien por ellas. Lo que sí me fastidia profundamente, es encontrarme con un seguidor de "Lost" que trate de venderme la serie como la mejor cosa que han visto desde que la televisión es televisión, porque eso no es cierto. A lo mejor es la que más les ha gustado en los últimos años, pero eso no la hace la mejor. Si es por series de Ciencia Ficción con un contenido filosófico de fondo, las dos temporadas de "Dollhouse" la dejan terriblemente atrás. Y eso, sin desconocer que "Dollhouse" como serie tuvo también algunos defectos muy gruesos. Incluso "V", desde una trinchera mucho más modesta y con menos pretensiones, habla mucho más directamente acerca de nuestra realidad contemporánea, e incluso de nuestra realidad como seres humanos en general, que "Lost". Estoy seguro de que mis lectores podrán encontrar más ejemplos. Así es que no me vengan con que "Lost" es la más grande serie de todos los tiempos, ni siquiera con que era buena. Si hubo gente que se entretuvo con ella, bien por ellos. Si hubo gente que además encontró respuestas trascendentales, les tengo una noticia: existen cuatro mil años de tradición de literatura sapiencial en nuestra civilización hacia atrás. Y después de "Lost", la seguirá habiendo, con toda probabilidad.

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