viernes 17 de julio de 2009

La historia de Siglos Curiosos.

Hace poco me invitaron a dejar un posteo en "Tu blog en mi blog", una interesante iniciativa que le pide a los mismos blogueros que den testimonio sobre su vida, pasión y milagros, y lo más importante, de cómo es que llegaron a ser blogueros y por qué siguen en la brega de una actividad que, todo sea dicho, absorbe más de lo que devuelve (en tiempo, dinero, relaciones sociales...). En fin, éste fue el artículo que publiqué al respecto. Que lo reproduzco por dos razones absolutamente deleznables. En primer lugar, el autobombo. En segundo lugar, el reciclaje de material en vez de crear material nuevo. Bueno, si quieren material nuevo sin autobombo, sigan leyendo Siglos Curiosos y Cine 9009. Así es que, ahora sí, sin mayores preámbulos...


Hola. Parto por agradecer la muy amable invitación de doña Cristina Velázquez para escribir en Tu Blog En Mi Blog, para exponer un poco sobre la génesis y experiencias de mi trabajo en Siglos Curiosos. Supe por primera vez acerca de los blogs durante el año 2005. Al principio eran, y así los veía yo, meros diarios de vida en línea, pero después surgió la idea de que un blog especializado en un tema, atraería a la gente adicta a ese tema, mientras que los blogs de tipo "mis pensamientos" y "cosas que a mí me interesan" iban a atraer sólo a los que les interesaran dichos pensamientos y cosas con total exactitud (o sea, a nadie, porque no mucha gente calza con no mucha gente en lo que al total de sus aficiones se refiere). Esto no era nuevo: las páginas webs especializadas, a la larga, se desayunaron opíparamente con las "páginas webs personales" que mezclaban cacao, automóviles y jazz únicamente porque a su dueño le gustaban esas tres cuestiones. Soy persona de múltiples aficiones, y elegir tan sólo un tema fue un suplicio. Finalmente me decanté por dos: la Historia (a lo que se dedica Siglos Curiosos) y el Cine (a lo que se dedica Cine 9009, sobre lo que si la autora de este blog lo permite, quizás hable algún día acá).

Siempre me había llamado la atención el poco cariño que el común de la gente le tiene a la Historia. Creo que por una cuestión de imagen. Biología, computación, naturaleza, todo eso se presta de maravillas a los efectos especiales tipo Star Wars, con un soundtrack con empaque electrónico para crear el vértigo de lo moderno, todo a gusto de la audiencia internética de hoy. La Historia, en cambio, muchas veces huele a naftalina, a libros llenos de polvo, a gamberradas sin gracia con un lento y aburrido minué de fondo. En esto influye, por supuesto, el pedante academicismo de muchos historiadores, cargados de reverencia a los siglos muertos y a estilos de hacer historia que ya eran históricos en sí mismos, en los tiempos de maricastaña y peor. Decidí entonces que mi blog sobre historia iba a ser ágil y ligero, e iba a enfatizar no los "grandes hitos" ni los "momentos estelares", sino aquello que no figura siempre en la primera plana de los libros de historia. Iba a hablar de Julio César, Napoleón o la Segunda Guerra Mundial a veces, por supuesto, pero también de tribus perdidas en Oceanía, de costumbres alimenticias, o de períodos históricos apenas tocados, y peor documentados. Todo eso, con posteos cortos y sin demasiadas referencias bibliográficas que ahuyentaran a los lectores casuales. La idea principal no era enseñar Historia (aunque eso era el efecto colateral inevitable, y deseado a fin de cuentas), sino hacerla amigable, de quitarle el polvo y convertirla en lo que siempre debió ser: un espejo de lo que nosotros mismos somos en la actualidad, o bien siempre hemos sido. Mal que mal, por debajo de la cáscara de costumbres, religiones, razas, circunstancias políticas o desarrollo científico, los seres humanos hemos siempre pensado y querido más o menos las mismas cosas: amor, dinero, poder, autorrealización, justicia, orden, libertad... Hay historiadores que espantan a sus lectores convirtiendo a los griegos, los aztecas o los samoanos en alienígenas llegados con brillantes luces desde lo alto a salvar tu vida y hacerte caer en rendida adoración. Yo quería atraer a esos mismos lectores, convirtiendo a esos contertulios históricos en amigos con los cuales puedes ir a tomarte un par de copas y conversar amigablemente sobre sus circunstancias, tiempos y lugares.

La elección del nombre fue quizás poco afortunada. No tenía ninguno en mente, y el tiempo apremiaba. Iba a postear dos veces por semana, planificadamente, y quería empezar en un domingo que, coincidentemente, iba a ser el primer día del año (efectivamente, Siglos Curiosos partió el 01 de Enero de 2006). "Siglos Curiosos" es un nombre que no dice mucho ni tiene demasiada personalidad. De ese error aprendí cuando nació después mi blog de cine, al que llamé más apropiadamente "Cine 9009". Con el paso del tiempo pensé en que Siglos Curiosos debía cambiar de nombre, y se me ocurrieron varias alternativas, pero ¡ups! resultó que mi blog ya empezaba a tener éxito, y por lo tanto, "Siglos Curiosos" estaba camino de convertirse en una especie de marca reconocible, o algo así. De manera que con ese nombre se quedó. Al principio, apenas aparecía en el buscador de Google. En la actualidad, la primera opción de búsqueda al introducir "Siglos Curiosos" en Google es justamente mi blog. Y de hecho, hay gente que busca Siglos Curiosos metiendo directamente las dos palabras en Google (lo sé gracias a una revisión atenta del feed del sitio).

El blog no estuvo libre de evolucionar, por supuesto. En un principio iba a estar más centrado en lo anecdótico y casual. Muchos de los primeros posteos están en esa línea. Pero después me di cuenta de que eso no bastaba. El tema de Siglos Curiosos era poner de relieve los aspectos más desusados de la Historia: civilizaciones no demasiado conocidas, personajes históricos de tercera fila, coincidencias notables, disciplinas no demasiado atacadas en los libros de historia convencionales (quizás demasiado centrados en la política y las guerras, a despecho de las ciencias, las artes o la vida cotidiana), etcétera. De ahí que empezaron a aparecer posteos sobre cosas que muchos no considerarían como temas "históricos": pueblos aborígenes con costumbres peculiares, frases y expresiones con una evolución etimológica propia, funcionamiento de la economía o de los idiomas, teorías científicas extrañas, cine y televisión... Pero siempre he evitado perder el norte y convertir a Siglos Curiosos en un cajón de sastre. La idea clave es que Siglos Curiosos no es un "blog de temas históricos", sino un "blog con una perspectiva histórica". Claro, eso permite abarcarlo virtualmente todo, porque todas las cosas que existen tienen una historia. Aún así, ¿conocen ustedes mucha gente que se dé semejante trabajo de rastreo? Yo, no demasiadas, la verdad.

También mi blog me ha dado sorpresas. Por alguna razón, el posteo que ha permanecido como uno de los más populares desde su publicación, es el relativo a la pascalina. Debo confesar que lo escribí un poco a desgana, apremiado por el tiempo, y sin mayor idea de qué iba a postear durante las próximas semanas (eso fue en 2006 y ya estamos a 2009, de lo que podrán colegir ustedes, al final sí encontré de qué seguir escribiendo). La búsqueda por presidentes chilenos y argentinos en Google, por su parte, lleva su poco de gente al posteo sobre que el primer Presidente de Chile nació en Buenos Aires. Entre los temas bíblicos posteados, quizás el más popular es el relativo a la relación entre el número pi y el Templo de Salomón. Su popularidad han tenido también los posteos etimológicos, en donde explico de dónde derivan tales o cuales palabras, o qué relaciones existen entre ellas, como por ejemplo el posteo sobre los topónimos griegos que han derivado en palabras comunes de nuestro idioma. Algún que otro posteo ha desatado tormentas, como el relativo a la crítica que hace Isaac Asimov contra el sionismo. Otro posteo que aparece de manera recurrente en el feed es el relativo a las primeras investigaciones sobre la sexualidad en las plantas, quizás porque mucha gente busca sexo en Internet, y los buscadores no son exactamente perfectos a la hora de discriminar entre Lucy Pinder y una rosácea cualquiera. Otro que ha llamado mucho la atención, es el dedicado a Erszébet Báthory y su masacre de chicas para bañarse con su sangre, lo que no deja de intrigarme porque material sobre ella hay desparramado por todo Internet, y no esperaba que mi blog se transformara en una pequeña referencia sobre el tema.

Y sin duda, la mejor satisfacción es tener un buen corro de lectores alrededor. Muchos posteos han sido meneados, y los comentarios dejados en Menéame demuestran a las claras que muchos lectores de allí son zafios e ignorantes (todavía me acuerdo de uno que, a propósito de mi posteo sobre el trikini, se quejó: "El notas escribe un artículo del triquini ¡¡¡¡¡y sólo enlaza una foto chunga más vieja que el mear!!!!!"), mientras que en mi propio blog tengo la suerte de recibir siempre buenos comentarios. Muchos de ellos son laudatorios, y eso no deja de enorgullecerme, aunque también de tarde en tarde me hacen alguna corrección, lo que más allá del varapalo en sí, se agradece porque mi blog tiene que estar siempre con el contenido lo más afinadito posible, aunque eso signifique admitir que (¡glup!) a veces se cometen errores. Posteando dos veces por semana, cerca de cien posteos al año, unos 350 desde el inicio del blog hasta la fecha, algo debo estar haciendo bien si en realidad cometo tan pocos errores (modestia aparte). Algunas veces he recibido algún comentario agrio, como uno que defendía con uñas y dientes a Gustav Radbruch (filósofo con el que no simpatizo), pero que después de una contundente y bien razonada réplica, no regresó más. Y en alguna ocasión, cuando expresé mi desdén hacia las teorías histórico-filosóficas de Oswald Spengler, surgió un defensor de éste con el que mantuvimos un estupendo debate (sospecho que el asunto terminó empatado, pero no me quejo, lo importante es el intercambio de ideas, al final del día). Probablemente esa sea la mejor razón para desvelarse en una actividad que no rinde dinero y chupa tiempo como una condenada: la satisfacción de ser un aporte, mayor o menor, pero aporte a fin de cuentas, en la vida de muchas personas que no tienen el tiempo o no saben bien dónde buscar, para encontrar temas históricos que sean de su interés.

sábado 4 de julio de 2009

¿Se murió Michael Jackson...?


Esta semana ha sido horriblemente idiotizante, debido a la muerte de Michael Jackson. Pero era lo esperable. Michael Jackson era el superstar del rock, la bestia negra a la que todos daban por muerta y enterrada, después de haberle dado una original aireterapia de ventilación a uno de sus críos, colgándolo balcón abajo... pero que demostraba tener aún mucho que colear, como que empezó a prepararse para un retorno a los escenarios, retorno que, fácil es colegirlo, quedó frustrado por su muerte. Buen momento, en medio de todas las brasas que nos han inyectado los medios de comunicación, para ver el asunto por nuestra cuenta. ¿Realmente podemos decir que Michael Jackson murió? Para responder a esta pregunta, veámoslo desde los varios ángulos posibles, los varios Michael Jackson que coexistieron dentro de... bueno, dentro de él, o lo que sea que podamos llamar un "él" en su caso.


EL NIÑO ETERNO.

Michael Jackson fue un chico sin infancia. Desde pequeño su padre, un obrero que sólo entendía de métodos brutales a la hora de criar niños (en esa época no se publicaba el famoso "Mi niño" del Doctor Spock), lo enrieló a punta de correazos, varillazos y otros "-azos" por la vía del baile y el canto. No es raro entonces que Michael Jackson, apenas pudo empezar a cumplir sus sueños, decidiera no crecer, y no ingresar al mundo de los adultos. ¿Para qué, para transformarse en un ser brutal como su padre lo fue? Y si no quería crecer, la verdad es que no necesitaba hacerlo. Tenía el dinero necesario para ser un niño toda su vida, y con el dinero, seguramente la manga de aduladores dispuestos a seguirlo en cualquier barbaridad al respecto. Es lo que tiene el dinero, que no tienes necesidad de justificarte ante nadie porque tus paniaguados lo harán por ti. Lo interesante del caso es que esta faceta de Michael Jackson, el ser un eterno Peter Pan, conectó de maravillas con nuestra sociedad. Ninguna señora preocupada por las cremas anti-age o ningún jovencito preocupado porque pasados los 25 o 30 ya no se tiene la potencia sexual que se tenía a los 18, puede dejar de verse reflejado en Michael Jackson, el hombre que a punta de dinero trató de detener el tiempo y no envejecer. Parte importante de lo que nuestra sociedad es, se ve reflejado en esa faceta de Michael Jackson. Aunque, admitámoslo, eso es demasiado vergonzoso para muchos, y por lo tanto, no pocos querrán ver a ESE Michael Jackson bien enterradito. Para que no salga de su tumba como ánima en pena, o peor, como un vampiro.


LA SUPERESTRELLA.

Pero el niño creció, desarrolló pelos bajos los sobacos... ¡Y, sorpresa, resultó ser un exitazo! Claro que el éxito tardó lo suyo. Tuvo que hacer cosas como, por ejemplo, su rol del Espantapájaros en el horripilante remake hortera-disco de "El mago de Oz" con Diana Ross (si nunca lo han visto, se los digo: ¡si se atrevieron a perpetrarlo!). Pero vino "Thriller" en 1982 y el resto es Historia.


A riesgo de disgustar a la capilla, digamos que Michael Jackson no fue un ídolo por ser un genio musical. No lo fue. Punto. Sus canciones, escuchadas de manera desapasionada, carecen de toda chispa, y no pasan de ser bien ajustaditos productos comerciales, interesantes para bailar en una fiesta cualquiera, pero nada tan trascendente que no necesite ser magnificado por el horrible efecto nostalgia. Sintomáticamente, el revival de los '80s que plagó a la década 2001-2010 pasó olímpicamente de Michael Jackson. Las discotecas ochenteras que se atochaban con Madonna o Depeche Mode, no le prestaron ninguna atención. Y mientras que las bandas hacían cola para hacer covers de incluso de one-hits wonders como Real Life ("Send Me An Angel" tiene covers de Atrocity, Deadstar Assembly, Zeromancer, Gregorian...), Michael Jackson fue el gran ignorado: algún que otro mal cover por aquí y por allá, y sería todo. Incluso Atrocity, que llevó el concepto de hacer covers ochenteros a un nuevo nivel con dos discos darkgoths íntegramente dedicados al asunto ("Werk 80" y "Werk 80 II"), pasaron derechamente de hacer un cover de Michael Jackson, después de haberlo hecho de Tears For Fears, a-ha, Eurythmics, OMD o Alphaville, por ejemplo. Algo dice todo eso.


Si Michael Jackson no era ningún genio musical, entonces, ¿por qué tanto éxito? La respuesta es fácil: su talento como showman. Lo que la música no podía darle, la puesta en escena podría hacerlo. Digo esto sin ánimo de denigrar. Crear un espectáculo estéticamente interesante, después de todo, es un talento como cualquier otro, y bien hecho aporta tanta belleza a nuestras vidas como puede hacerlo un cuadro bien pintado, un libro bien escrito, o una melodía bien cantada. Por otra parte, Michael Jackson fue el fenómeno justo para una época justa: la edad en que MTV partía, y lo hacía con su estilo colorinche y bullanguero, en que encajaban quienes hacían más ruido. Y Michael Jackson supo hacerlo, con videoclips cada vez más megalomaníacos que impresionaron a la audiencia de su tiempo. Hasta que la gente se hartó de tanta megalomanía, porque no se puede hacer el más imposible cada vez sin toparse con algún imposible de verdad. Ahí tienen esa gigantesca estatua de Michael Jackson, reverenciada por los niños detrás del Muro de Berlín, que realmente no impresionó a nadie: cuando todos se acuerdan de Michael Jackson, lo hacen por "Thriller" o por "Remember the Time" (el videoclip en que aparecía Eddie Murphy como Faraón de Egipto), no por su estatua gigantesca. Si Michael Jackson hubiera partido diez años después, sería probablemente considerado un número tan patético como Justin Timberlake, otro que trata de compensar como bailarín lo que el talento musical no puede darle. Y si miran bien a Justin, mucho le debe al plag... perdón, a la inspiración en Michael Jackson, al final del día.


¿Y se fue este Michael Jackson a la tumba? Definitivamente no. Gracias a la magia de la tecnología moderna, que permite revivir a los muertos, basta con darle al MP3 o al DVD para reencontrarse con su música o con sus imágenes. Mientras siga existiendo esa tecnología, y gente que utilice esa tecnología para el ejercicio necromántico de escuchar otra vez a los muertos, Michael Jackson seguirá bien vivo entre nosotros. ¡Diablos, capaz que alguna discoteca alternativa hasta toque su música y todo!

EL PEDÓFILO.

¿Fue Michael Jackson un pedófilo o no? Quizás la verdad se sepa algún día, cuando la gente alrededor empiece a hablar. Ya lo hicieron en vida de Michael Jackson, pero siempre sus abogados estaban vigilantes para tapar los baches a golpe de chequera. Pero cuando empezaron a circular los rumores sobre las cosas que hacía Michael Jackson con los niñitos en su rancho de Neverland, el ídolo se vino abajo. Dejó de ser el gran ídolo de masas y se convirtió en un ángel caído, en el niño de mirada angelical que era la máscara de un siniestro monstruo agazapado en sus entrañas. ¿Verdad, mentira...? No importa, lo realmente importante es que la gente podía señalarlo con el dedo y reforcilarse con su caída: a la gente le gustan los ídolos con pies de barro porque los pueden ensalzar un rato, y después los pueden patear a gusto en el fango. Es el mismo principio que los antiguos tan bien simbolizaban con el "rey por un día": entronizamos al idiota del pueblo como rey y le rendimos culto y homenaje, y al final del día lo sacrificamos en un rito ceremonial para librarnos de él, y exorcisar así todos nuestros rencores contra el poder establecido. Más allá de juzgar o no si Michael Jackson fue un pedófilo que le arruinó las infancias y vidas a tantos niños, o si tenía derecho a hacerlo, la persecusión mediática contra éste sacó a la luz algunos de los peores aspectos de nuestra sociedad: su morbo fetichista, su deseo muy democrático de aniquilar cualquier cosa que sobrepase la estatura del hombre corriente, sus pulsiones contradictorias respecto de la infancia (el mismo MTV que puritanamente le censuró el pezón a Janet Jackson, es el mismo que se hizo su agosto mostrando a Britney Spears adolescente como una sexy colegiala en sus inicios). Este Michael Jackson tampoco morirá tan fácilmente: haber sido uno de esos niños, o haber sido una camarera o guardaespaldas con recuerdos, es algo lucrativo, y las agencias editoriales seguirán pagando durante años a gente que investigue en tales cosas para hurgar fecas en el asunto. No digo que tales cosas no debieran ser investigadas, por supuesto: sólo digo que deberíamos asignarles su justo lugar. Hay problemas mundiales más importantes que arreglar, como por ejemplo la crisis energética, la superpoblación o el calentamiento global, y establecer algunas prioridades no le viene mal a nadie. Para eso están los tribunales y los fiscales, y el resto es aire. Pero no, a ese Michael Jackson tampoco lo dejarán en paz.


EL ÍDOLO RELIGIOSO.

Y al final de su vida, Michael Jackson muere en medio de aromas a santidad. Cuando iba a volver al mundo del espectáculo, para darle más pathos al asunto, como una resurrección truncada. ¿Y qué deja atrás? Pues, una legión de fanáticos para quienes Michael Jackson es virtualmente un ídolo intocable e insubstancial, un Cristo para la Era de MTV. Para ellos, ningún argumento sobre Michael Jackson será bueno si no lo deja bien parado. Para ellos, Michael Jackson era no un talentoso showman sino el más grande de los músicos que la Tierra parió desde Johann Sebastian Bach hasta la actualidad (y quizás ni Bach se le acercaba, en concepto de estas gentes), y no era un malvado comeniños amparado en la oscuridad de su rancho sino un pobrecito tipo al que deberían haber dejado en paz vivir su vida como se le antojara y sobre el cual se inventaron rumores y calumnias para eclipsar su genio. Por otra parte están todos los que después de ningunear a Michael Jackson durante años, lloran sentidamente su muerte con lagrimitas bien diseñadas para aparecer en la primera plana o en el telenotición farandulero de rigor. Contactos de Facebook a quienes yo jamás hubiera asociado con Michael Jackson ni por haber tomado la línea de metro equivocada, saltaron haciéndole homenajes y respetos. Paul McCartney, a quien Michael Jackson le birló su propio catálogo de los Beatles en una subasta de 1985 por 47 millones de dólares (sí, McCartney tuvo que pagarle derechos a Michael Jackson por tocar sus propias canciones en Estados Unidos) también se mostraba hondamente sentido y en shock por las noticias. Los noticiarios que se hicieron la América trayéndonos imágenes de Michael Jackson ventilando a su niño en un balcón, ahora dedicaron interminables minutos a mostrarnos las reacciones nacionales e internacionales frente al lamentable deceso, como si fuera algo sorprendente que un ser humano se fuera a morir (y Michael Jackson, como cualquier otro ser humano, estaba destinado a fallecer un día u otro). Al menos, gentes como Diana Ross o Elizabeth Taylor, con razón o sin ella, fueron constantes en defenderlo, mientras que el resto de los subidos al carro de pronto descubrió, después de años de cruzar el Desierto de Pedofilia, que Michael Jackson tenía algo que decir, después de todo.


Y este Michael Jackson, la nueva adquisición de los altares pop que ya ocupan James Dean, Marilyn Monroe, Bob Marley, el Che Guevara o Jim Morrison, por desgracia, mientras hayan acólitos de su secta seguirá estando vivo y bien vivo entre nosotros, hasta la completa extinción del Michaeljacksonismo como religión cuasi-institucionalizada. Algo que, dadas las circunstancias y el ruido mediático alrededor, podría alargarse su tanto en el horizonte...



martes 23 de junio de 2009

"Vuelva usted mañana" de Mariano José de Larra.

Gran persona debió de ser el primero que llamó pecado mortal a la pereza. Nosotros, que ya en uno de nuestros artículos anteriores estuvimos más serios de lo que nunca nos habíamos propuesto, no entraremos ahora en largas y profundas investigaciones acerca de la historia de este pecado, por más que conozcamos que hay pecados que pican en historia, y que la historia de los pecados sería un tanto cuanto divertida. Convengamos solamente en que esta institución ha cerrado y cerrará las puertas del cielo a más de un cristiano.

Estas reflexiones hacía yo casualmente no hace muchos días, cuando se presentó en mi casa un extranjero de estos que, en buena o en mala parte, han de tener siempre de nuestro país una idea exagerada e hiperbólica; de éstos que, o creen que los hombres aquí son todavía los espléndidos, francos, generosos y caballerescos seres de hace dos siglos, o que son aún las tribus nómadas del otro lado del Atlante: en el primer caso vienen imaginando que nuestro carácter se conserva tan intacto como nuestra ruina; en el segundo vienen temblando por esos caminos, y preguntan si son los ladrones que los han de despojar los individuos de algún cuerpo de guardia establecido precisamente para defenderlos de los azares de un camino, comunes a todos los países.

Verdad es que nuestro país no es de aquellos que se conocen a primera ni a segunda vista, y si no temiéramos que nos llamasen atrevidos, lo compararíamos de buena gana a esos juegos de manos sorprendentes e inescrutables para el que ignora su artificio, que estribando en una grandísima bagatela, suelen después de sabidos dejar asombrado de su poca perspicacia al mismo que se devanó los sesos por buscarles causas extrañas. Muchas veces la falta de una causa determinante en las cosas nos hace creer que debe de haberlas profundas para mantenerlas al abrigo de nuestra penetración. Tal es el orgullo del hombre, que más quiere declarar en alta voz que las cosas son incomprensibles cuando no las comprende él, que confesar que el ignorarlas puede depender de su torpeza.

Esto no obstante, como quiera que entre nosotros mismos se hallen muchos en esta ignorancia de los verdaderos resortes que nos mueven, no tendremos derecho para extrañar que los extranjeros no los puedan tan fácilmente penetrar.

Un extranjero de éstos fué el que se presentó en mi casa, provisto de competentes cartas de recomendación para mi persona. Asuntos intrincados de familia, reclamaciones futuras, y aun proyectos vastos concebidos en París de invertir aquí sus cuantiosos caudales en tal cual especulación industrial o mercantil, eran los motivos que a nuestra patria le conducían.

Acostumbrado a la actividad en que viven nuestros vecinos, me aseguró formalmente que pensaba permanecer aquí muy poco tiempo, sobre todo si no encontraba pronto objeto seguro en que invertir su capital. Parecióme el extranjero digno de alguna consideración, trabé presto amistad con él, y lleno de lástima traté de persuadirle a que se volviese a su casa cuanto antes, siempre que seriamente trajese otro fin que no fuese el de pasearse. Admiróle la proposición, y fué preciso explicarme más claro.

--Mirad --le dije--, monsieur Sans-délai, que así se llamaba; vos venís decidido a pasar quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.

--Ciertamente --me contestó--. Quince días, y es mucho. Mañana por la mañana buscamos un genealogista para mis asuntos de familia; por la tarde revuelve sus libros, busca mis ascendientes, y por la noche ya sé quién soy. En cuanto a mis reclamaciones, pasado mañana las presento fundadas en los datos que aquél me dé, legalizados en debida forma; y como será una cosa clara y de justicia innegable (pues sólo en este caso haré valer mis derechos), al tercer día se juzga el caso y soy dueño de lo mío. En cuanto a mis especulaciones, en que pienso invertir mis caudales, al cuarto día ya habré presentado mis proposiciones. Serán buenas o malas, y admitidas o desechadas en el acto, y son cinco días; en el sexto, séptimo y octavo, veo lo que hay que ver en Madrid; descanso el noveno; el décimo tomo mi asiento en la diligencia, si no me conviene estar más tiempo aquí, y me vuelvo a mi casa; aún me sobran de los quince, cinco días.

Al llegar aquí monsieur Sans-délai, traté de reprimir una carcajada que me andaba retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna jovialidad, no fué bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.

--Permitidme, monsieur Sans-délai --le dije entre socarrón y formal--, permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.

--¿Cómo?

--Dentro de quince meses estáis aquí todavía.

--¿Os burláis?

--No por cierto.

--¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!

--Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.

--¡Oh!, los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.

--Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.

--¡Hipérboles! Yo les comunicaré a todos mi actividad.

--Todos os comunicarán su inercia.

Conocí que no estaba el señor de Sans-délai muy dispuesto a dejarse convencer sino por la experiencia, y callé por entonces, bien seguro de que no tardarían mucho los hechos en hablar por mí.

Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido en conocido; encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y marchámonos. Pasaron tres días: fuimos.

--Vuelva usted mañana --nos respondió la criada--, porque el señor no se ha levantado todavía.

--Vuelva usted mañana --nos dijo al siguiente día--, porque el amo acaba de salir.

--Vuelva usted mañana --nos respondió al otro--, porque el amo está durmiendo la siesta.

--Vuelva usted mañana --nos respondió el lunes siguiente--, porque hoy ha ido a los toros.

¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y vuelva usted mañana nos dijo, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio.

A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido Díez, y él había entendido Díaz y la noticia no servía. Esperando nuevas pruebas, nada dije a mi amigo, desesperado ya de dar jamás con sus abuelos.

Es claro que faltando este principio no tuvieron lugar las reclamaciones.

Para las proposiciones que acerca de varios establecimientos y empresas utilísimas pensaba hacer, había sido preciso buscar un traductor; por los mismos pasos que el genealogista nos hizo pasar el traductor; de mañana en mañana nos llevó hasta el fin del mes. Averiguamos que necesitaba dinero diariamente para comer, con la mayor urgencia; sin embargo, nunca encontraba momento oportuno para trabajar. El escribiente hizo después otro tanto con las copias, sobre llenarlas de mentiras, porque un escribiente que sepa escribir no le hay en este país.

No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas; la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero, a quien le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días con la cabeza al aire y sin salir de casa.

Sus conocidos y amigos no le asistían a una sola cita, ni avisaban cuando faltaban, ni respondían a sus esquelas. ¡Qué formalidad y qué exactitud!

--¿Qué os parece de esta tierra, monsieur Sans-délai? --le dije al llegar a estas pruebas.

--Me parece que son hombres singulares...

--Pues así son todos. No comerán por no llevar la comida a la boca.

Presentóse con todo, yendo y viniendo días, una proposición de mejoras para un ramo que no citaré, quedando recomendada eficacísimamente.

A los cuatro días volvimos a saber el éxito de nuestra pretensión.

--Vuelva usted mañana --nos dijo el portero--. El oficial de la mesa no ha venido hoy.

--Grande causa le habrá detenido --dije yo entre mí. Fuímonos a dar un paseo, y nos encontramos, ¡qué casualidad! al oficial de la mesa en el Retiro, ocupadísimo en dar una vuelta con su señora al hermoso sol de los inviernos claros de Madrid.

Martes era el día siguiente, y nos dijo el portero:

--Vuelva usted mañana, porque el señor oficial de la mesa no da audiencia hoy.

--Grandes negocios habrán cargado sobre él--, dije yo.

Como soy el diablo y aun he sido duende, busqué ocasión de echar una ojeada por el agujero de una cerradura. Su señoría estaba echando un cigarrito al brasero, y con una charada del Correo entre manos que le debía costar trabajo el acertar.

--Es imposible verle hoy --le dije a mi compañero--; su señoría está, en efecto, ocupadísimo.

Diónos audiencia el miércoles inmediato, y ¡qué fatalidad! el expediente había pasado a informe, por desgracia, a la única persona enemiga indispensable de monsieur y [su plan] de su plan, porque era quien debía salir en él perjudicado.

Vivió el expediente dos meses en informe, y vino tan informado como era de esperar. Verdad es que nosotros no habíamos podido encontrar empeño para una persona muy amiga del informante. Esta persona tenía unos ojos muy hermosos, los cuales sin duda alguna le hubieran convencido en sus ratos perdidos de la justicia de nuestra causa.

Vuelto de informe, se cayó en la cuenta en la sección de nuestra bendita oficina de que el tal expediente no correspondía a aquel ramo; era preciso rectificar este pequeño error; pasóse al ramo, establecimiento y mesa correspondiente, y hétenos caminando después de tres meses a la cola siempre de nuestro expediente, como hurón que busca el conejo, y sin poderlo sacar muerto ni vivo de la huronera. Fué el caso al llegar aquí que el expediente salió del primer establecimiento y nunca llegó al otro.

--De aquí se remitió con fecha de tantos --decían en uno.

--Aquí no ha llegado nada --decían en otro.

--¡Voto va! --dije yo a monsieur Sans-délai-- ¿sabéis que nuestro expediente se ha quedado en el aire como el alma de Garibay, y que debe de estar ahora posado como una paloma sobre algún tejado de esta activa población?

Hubo que hacer otro. ¡Vuelta a los empeños! ¡Vuelta a la prisa! ¡Qué delirio!

--Es indispensable --dijo el oficial con voz campanuda--, que esas cosas vayan por sus trámites regulares.

Es decir, que el toque estaba, como el toque del ejercicio militar, en llevar nuestro expediente tantos o cuantos años de servicio.

Por último, después de cerca de medio año de subir y bajar, y estar a la firma o al informe, o a la aprobación, o al despacho, o debajo de la mesa, y de volver siempre mañana, salió con una notita al margen que decía: "A pesar de la justicia y utilidad del plan del exponente, negado".

--¡Ah, ah, monsieur Sans-délai! --exclamé riéndome a carcajadas--; éste es nuestro negocio.

Pero monsieur Sans-délai se daba a todos los oficinistas, que es como si dijéramos a todos los diablos.

--¿Para esto he echado yo viaje tan largo? ¿Después de seis meses no habré conseguido sino que me digan en todas partes diariamente: Vuelva usted mañana? ¿Y cuando este dichoso mañana llega, en fin, nos dicen redondamente que no? ¿Y vengo a darles dinero? ¿Y vengo a hacerles favor? Preciso es que la intriga más enredada se haya fraguado para oponerse a nuestras miras.

--¿Intriga, monsieur Sans-délai? No hay hombre capaz de seguir dos horas una intriga. La pereza es la verdadera intriga; os juro que no hay otra; ésa es la gran causa oculta: es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas.

Al llegar aquí, no quiero pasar en silencio algunas razones de las que me dieron para la anterior negativa, aunque sea una pequeña digresión.

--Ese hombre se va a perder --me decía un personaje muy grave y muy patriótico.

--Esa no es una razón --le repuse--; si él se arruina, nada, nada se habrá perdido en concederle lo que pide; él llevará el castigo de su osadía o de su ignorancia.

--¿Cómo ha de salir con su intención?

--Y suponga usted que quiere tirar su dinero y perderse; ¿no puede uno aquí morirse siquiera, sin tener un empeño para el oficial de la mesa? Puede perjudicar a los que hasta ahora han hecho de otra manera eso mismo que ese señor extranjero quiere.

--¿A los que lo han hecho de otra manera, es decir, peor?

--Sí, pero lo han hecho.

--Sería lástima que se acabara el modo de hacer mal las cosas. Conque, porque siempre se han hecho las cosas del modo peor posible, ¿será preciso tener consideraciones con los perpetuadores del mal? Antes se debiera mirar si podrían perjudicar los antiguos al moderno.

--Así está establecido; así se ha hecho hasta aquí; así lo seguiremos haciendo.

--Por esa razón deberían darle a usted papilla todavía como cuando nació.

--En fin, señor Fígaro, es un extranjero.

--¿Y por qué no lo hacen los naturales del país?

--Con esas socaliñas vienen a sacarnos la sangre.

--Señor mío --exclamé, sin llevar más adelante mi paciencia--, está usted en un error harto general. Usted es como muchos que tienen la diabólica manía de empezar siempre por poner obstáculos a todo lo bueno, y el que pueda que los venza. Aquí tenemos el loco orgullo de no saber nada, de quererlo adivinar todo y no reconocer maestros. Las naciones que han tenido, ya que no el saber, deseos de él, no han encontrado otro remedio que el de recurrir a los que sabían más que ellas.

Un extranjero --seguí --que corre a un país que le es desconocido, para arriesgar en él sus caudales, pone en circulación un capital nuevo, contribuye a la sociedad, a quien hace un inmenso beneficio con su talento y su dinero. Si pierde, es un héroe; si gana, es muy justo que logre el premio de su trabajo, pues nos proporciona ventajas que no podíamos acarrearnos solos. Ese extranjero que se establece en este país, no viene a sacar de él el dinero, como usted supone; necesariamente se establece y se arraiga en él, y a la vuelta de media docena de años, ni es extranjero ya, ni puede serlo; sus más caros intereses y su familia le ligan al nuevo país que ha adoptado; toma cariño al suelo donde ha hecho su fortuna, al pueblo donde ha escogido una compañera; sus hijos son españoles, y sus nietos lo serán; en vez de extraer el dinero, ha venido a dejar un capital suyo que traía, invirtiéndole y haciéndole producir; ha dejado otro capital de talento, que vale por lo menos tanto como el del dinero; ha dado de comer a los pocos o muchos naturales de quien ha tenido necesariamente que valerse; ha hecho una mejora, y hasta ha contribuído al aumento de la población con su nueva familia. Convencidos de estas importantes verdades, todos los gobiernos sabios y prudentes han llamado a sí a los extranjeros: a su grande hospitalidad ha debido siempre la Francia su alto grado de esplendor; a los extranjeros de todo el mundo que ha llamado la Rusia, ha debido el llegar a ser una de las primeras naciones en muchísimo menos tiempo que el que han tardado otras en llegar a ser las últimas; a los extranjeros han debido los Estados Unidos... Pero veo por sus gestos de usted --concluí interrumpiéndome oportunamente a mí mismo-- que es muy difícil convencer al que está persuadido de que no se debe convencer. ¡Por cierto, si usted mandara, podríamos fundar en usted grandes esperanzas!

Concluída esta filípica, fuíme en busca de mi Sans-délai.

--Me marcho, señor Fígaro--me dijo--. En este país no hay tiempo para hacer nada; sólo me limitaré a ver lo que haya en la capital de más notable.

--¡Ay! mi amigo --le dije--, idos en paz, y no queráis acabar con vuestra poca paciencia; mirad que la mayor parte de nuestras cosas no se ven.

--¿Es posible?

--¿Nunca me habéis de creer? Acordáos de los quince días...

Un gesto de monsieur Sans-délai me indicó que no le había gustado el recuerdo.

--Vuelva usted mañana--nos decían en todas partes--, porque hoy no se ve.

--Ponga usted un memorialito para que le den a usted permiso especial.

Era cosa de ver la cara de mi amigo al oír lo del memorialito: representábasele en la imaginación el informe, y el empeño, y los seis meses, y... Contentóse con decir: --Soy extranjero--. ¡Buena recomendación entre los amables compatriotas míos! Aturdíase mi amigo cada vez más, y cada vez nos comprendía menos. Días y días tardamos en ver las pocas rarezas que tenemos guardadas. Finalmente, después de medio año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me tenía, y llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres; diciendo, sobre todo, que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino volver siempre mañana, y que a la vuelta de tanto mañana, eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.

¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza? ¿Será cosa de que vuelva el día de mañana con gusto a visitar nuestros hogares? Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo y pereza de abrir los ojos para hojear que tengo que darte, te contaré cómo a mí mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas, perder de pereza más de una conquista amorosa; abandonar más de una pretensión empezada y las esperanzas de más de un empleo, que me hubiera sido acaso, con más actividad, poco menos que asequible; renunciar, en fin, por pereza de hacer una visita justa o necesaria, a relaciones sociales que hubieran podido valerme de mucho en el transcurso de mi vida; te confesaré que no hay negocio que pueda hacer hoy que no deje para mañana; te referiré que me levanto a las once, y duermo siesta; que paso haciendo el quinto pie de la mesa de un café, hablando o roncando, como buen español, las siete y las ocho horas seguidas; te añadiré que cuando cierran el café, me arrastro lentamente a mi tertulia diaria (porque de pereza no tengo más que una), y un cigarrito tras otro me alcanzan clavado en un sitial, y bostezando sin cesar, las doce o la una de la madrugada; que muchas noches no ceno de pereza, y de pereza no me acuesto; en fin, lector de mi alma, te declararé que de tantas veces como estuve en esta vida desesperado, ninguna me ahorqué y siempre fué de pereza. Y concluyo por hoy confesándote que ha más de tres meses que tengo, como la primera entre mis apuntaciones, el título de este artículo, que llamé: Vuelva usted mañana; que todas las noches y muchas tardes he querido durante ese tiempo escribir algo en él, y todas las noches apagaba mi luz diciéndome a mí mismo con la más pueril credulidad en mis propias resoluciones: ¡Eh, mañana le escribiré! Da gracias a que llegó por fin este mañana, que no es del todo malo; pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!

martes 19 de mayo de 2009

Computadores del año del ñauca interpretando "Bohemian Rhapsody" de Queen.

Lo nunca visto. Algún ocioso decidió meter mano en una serie de artefactos computacionales varios, y sacó nada menos que la Rapsodia Bohemia de Queen al cotarro. La orquesta, la integran:

-- Piano/Organo: Atari 800 XL.
-- Bajo: Floppy Disk de 8 pulgadas.
-- Gong: Disco duro de 3,5 pulgadas.
-- "Vocalista": Impresora HP ScanJet 3C (grabada cuatro veces, por razones obvias).

¡La parte más churumbelesca de todo, es que resulta! Escuchen...

jueves 14 de mayo de 2009

Gatos por Antonio Guzmán Capel.

¡¡¡GATOS DEL MUNDO, UNÍOS!!! El pintor Antonio Guzmán Capel nos ha deleitado con varias pinturas del género realista, o sea, de ésas en que el mortal común y corriente puede ver de qué se trata, y que por lo tanto, son odiados por la inteligentzia intelectual debido a que si cualquiera puede ver en qué consiste el arte... ¿en qué quedan esos popes y archimandritas de lo sacro artístico? Por eso, adelante, amigo Antonio, siga pintando gatos... Bueh, también pinta otras cosas, pero no sería yo el General Gato si no aplaudiera que pintara gatos. Y para que no digan que me estoy apropiando impunemente del trabajo ajeno, he aquí la dirección web:


Y ahora sí, la galería prometida:






(Gracias a Bardomagno, por mostrarme el camino hasta el pintor de marras).

jueves 23 de abril de 2009

Superman es un...

Sí. Ya lo sabíamos. Superman is a dick. Pero nunca está de más que un sitio web te lo recuerde. ¿Quiéres ver qué tan malparido es Superman con sus amigos, gastándoles bromas idiotas con sus superpoderes, o simplemente p***ándolos de por vida? Echale un vistazo a esta página y diviértete. Y por supuesto, unas imágenes para abrir el apetito (con traducción al castellano, cortesía de Guillermo Ríos y Tribu de Plutón):


GALERÍA DE IMÁGENES (con traducciones para que vean qué tan malparido es):


ACTION COMICS Presentando "Superman Rey de la Tierra".
SUPERMAN: "¡Bah! ¡Los regalos que sus países me envían no les harán ningún favor! ¡Ahora que soy el Amo del Mundo, mi primer mandato es que cada nación reemplace su bandera por una bandera de Superman como ésta!".


SUPERMAN: "¡Yo les diré por qué NUNCA me casaré contigo, Lana, o contigo, Lois! ¿Quién quiere una esposa tan estúpida que no se da cuenta de que YO SOY SUPERMAN cuando me quito los anteojos de Clark Kent?".
RECUADRO: ¿Podría el disfraz de Superman como Clark Kent engañarte todas las veces, o siquiera alguna vez...? ¿Cómo él puede mantenerse engañando al mundo? ¡Esta es la historia que nunca antes nos atrevimos a publicar!


SUPERMAN: "¡Sí, Lana, es VERDAD! ¡YO MATÉ A LOIS LANE!".
TÍTULO: Presentando: "Cuando estás muerto, estás muerto".


SUPERMAN: "Tú siempre quisiste estar conmigo hasta el final, Lois... Y éste es... ¡HASTA LUEGO!" (y sonriendo, el malparido).
RECUADRO: Lois Lane nunca esperó ser la víctima de Superman en "La asombrosa vida después de la vida de Lois Lane".


SUPERMAN: "¡DESENMASCARADO! ¡Te has escondido debajo de esta capucha demasiado tiempo!".
BATMAN: "¡NO! ¡Si ven mi cara, alguien muere!".


RECUADRO: Presentando: "¡EL DÍA EN QUE SUPERMAN TRAICIONÓ A BATMAN!".
SUPERMAN: "Aquí estamos, caballeros, la famosa Baticueva...".
BATMAN: "¡Gran Scott! ¡Superman está revelando nuestra identidad secreta!".


MÉDICO: "¡PARA! ¡Si desconectas ese respirador, BATMAN MORIRÁ!".
SUPERMAN (sonriendo, para variar un poco): "Qué es un Batman más o menos...".



SUPERMAN: "Yo TENGO que hacer esto, Supergirl, porque todo lo que tocas MUERE".

Cabronazo cuando quiere, ¿eh? En el sitio que les decía hay muchas, muuuuuuchas más...

lunes 20 de abril de 2009

¡Los Watchmen en la TV de los ochenta!

Ahora que los están, o al menos estuvieron un tiempito de moda, por aquello de la denostada peli de los Watchmen, empezaron a proliferar los youtubes al respecto. Dándole vueltas a la idea de que estaban verdes por adaptar Watchmen ya en los '80s, un fanático de las series de Hanna Barbera discurrió como habría sido el opening de la serie, de haber sido hecha así... Con toda la infantilización y ñoñización de los personajes en esa época... Su espíritu de buenaondismo y buenrollismo... Sus típicos mensajes con moralina... Su sanitización de la violencia, si es que alguna quedaba... He aquí el resultado. Es una parodia, vale, pero es como para ponerse a temblar, de sólo pensar que podrían haberla hecho... (¿y de cuántas no lo hicieron, y pasó lo que pasó...?).



jueves 16 de abril de 2009

¡¡¡Las ranas y los ratones luchan por la supremacía mundial!!!

Al lado de guerras tan épicas como la de Estados Unidos contra Irak, la de los hebreos contra los filisteos, o la de todos los jugadores de Street Fighter II contra el malvado Bisson, hay una guerra olvidada, pero muy deleitable, en que ranas y ratones lucharon para decidir quién era el AMO DEL MUNDO. Este relato nos ha llegado desde la época alejandrina de la cultura griega, es de autor anónimo, y... Pues bien, hoy día estoy flojo, así es que léanlo por ustedes mismos. Sólo diré que quién tenga una somera idea sobre de qué va la Ilíada, se va a partir de risa con esta sátira. Y si no han leído la Ilíada (herejes hay en todas partes), pues bien, piensen en una sátira del estilo ampuloso de un Tolkien o de la Dragonlance, si al final todo es más o menos la misma cosa. Disfruten.




"BATRACOMIOMAQUIA", de autor anónimo.

Al comenzar esta primera página, ruego al coro del Helicón que venga a mi alma para entonar el canto que recientemente consigné en las tablas, sobre mis rodillas —una lucha inmensa, obra marcial llena de bélico tumulto— deseando que llegue a oídos de todos los mortales cómo se distinguieron los ratones al atacar a las ranas, imitando las proezas de los gigantes, hijos de la tierra. Tal como entre los hombres se cuenta, su principio fue del siguiente modo:


Un ratón sediento, que se había librado del peligro de una comadreja, sumergía su ávida barba cerca de allí, en un lago, y se refocilaba con el agua dulce como la miel cuando le vio una vocinglera rana, que en el lago tenía sus delicias y le habló de esta suerte:

—Forastero, ¿quién eres? ¿De dónde viniste a estas riberas? ¿Quién te engendró? Dímelo todo sinceramente: no sea que yo advierta que mientes. Si te considerare digno de ser mi amigo, te llevaré a mi casa y te haré muchos y buenos presentes de hospitalidad. Yo soy Hinchacarrillos y en el lago me honran como perpetuo caudillo de las ranas: crióme mi padre Lodoso y me dio a luz Reinadelasaguas, que se había juntado amorosamente con él a orillas del Erídano. Pero noto que también eres hermoso y fuerte, más aún que los otros; y debes de ser rey portador de cetro y valeroso combatiente en las batallas. Mas sea, declárame pronto tu linaje.

—¿Por qué me preguntas por mi linaje? Conocido es de todos los hombres y dioses y hasta de las aves que vuelan por el cielo. Yo me llamo Hurtamigas, soy hijo del magnánimo Roepán y tengo por madre a Lamemuelas, hija del rey Roejamones. Pero, ¿cómo podrás conseguir que sea tu amigo, si mi naturaleza es completamente distinta de la tuya? Para ti la vida está en el agua, mas yo acostumbro roer cuanto poseen los hombres: no se me oculta el pan floreado que se guarda en el redondo cesto; ni la gran torta rociada de sésamo; ni la tajada de jamón; ni el hígado, dentro de su blanca túnica; ni el queso fresco, de dulce leche fabricado; ni los ricos melindres, que hasta los inmortales apetecen; ni cosa alguna de las que preparan los cocineros para los festines de los mortales, echando a las ollas condimentos de toda especie.

Jamás huí de la gritería horrenda de las batallas, sino que siempre me encamino hacia el tumulto y pronto me mezclo con los combatientes más avanzados. No me espanta el hombre con su gran cuerpo, pues encaramándome a la cama en que reposa le muerdo la punta del dedo y hasta le cojo por el talón sin que le venga ningún dolor ni le desampare el dulce sueño mientras yo le muerdo. Dos son los enemigos de quienes en gran manera lo temo todo en toda la tierra: el gavilán y la comadreja, que me causan terribles pesares; y también el luctuoso cepo, donde se oculta traidora muerte. Pero temo mucho más a la comadreja, que es fortísima y, cuando me escondo en un agujero, al mismo agujero va a buscarme. No como rábanos, ni coles, ni calabazas ni me nutro de verdes acelgas ni de apio; que estos son vuestros manjares, alimentos propios de los que habitáis en la laguna.

A estas razones Hinchacarrillos contestó sonriendo: —¡Oh forastero! Mucho te envaneces por lo del vientre; también las ranas tenemos muy muchas cosas admirables de ver, así en el lago como en la tierra firme. Pues el Cronión nos dio un doble modo de vivir y podemos saltar en la tierra y zambullir nuestro cuerpo en el agua, habitando moradas que de ambos elementos participan. Si quieres comprobarlo, muy fácil te ha de ser: monta sobre mi espalda, agárrate a mí para que no resbales y llegarás contento a mi palacio. Así dijo; y le presentó la espalda. El otro, subiendo al punto con fácil salto, asióse con las manos al tierno cuello. Y al principio regocijábase contemplando los vecinos puertos y deleitándose con el nado de Hinchacarrillos; mas, así que se sintió bañado por las purpúreas olas, brotáronle copiosas lágrimas y, tardíamente arrepentido, se lamentaba y se arrancaba los pelos, apretaba con sus pies el vientre de la rana, le palpitaba el corazón por lo insólito de la aventura y anhelaba volver a tierra firme; y en tanto el glacial terror le hacía gemir horriblemente. Extendió entonces la cola sobre el agua, moviéndola como un remo, y, mientras pedía a las deidades que le dejaran arribar a tierra firme, iban bañándolo las purpúreas ondas. Gritó, por fin, y estas fueron las palabras que profirió su boca:

—No fue así ciertamente como llevó sobre los hombros la amorosa carga el toro que, al través de las olas, condujo a Creta la ninfa Europa; como, nadando me transporta a mí sobre los suyos esta rana que apenas levanta el amarillo cuerpo entre la blanca espuma.

De súbito apareció una hidra, con el cuello erguido sobre el agua ¡Amargo espectáculo para entrambos! Al verla, sumergióse Hinchacarrillos, sin parar mientes en la calidad del compañero que, abandonado, iba a perecer. Fuese, pues, la rana a lo hondo del lago y así evitó la negra muerte. El ratón, al soltarlo la rana, cayó en seguida de espaldas sobre el agua; y apretaba las manos; y, en su agonía, daba agudos chillidos. Muchas veces se hundió en el agua, otras muchas se puso a flote coceando; pero no logró escapar a su destino. El pelo, mojado, aumentaba aún más su pesantez. Y pereciendo en el agua, pronunció estas palabras:

—No pasará inadvertido tu doloso proceder, oh Hinchacarrillos, que a este náufrago despeñaste de tu cuerpo como de una roca. En tierra, oh muy perverso, no me vencieras ni en el pancracio, ni en la lucha, ni en la carrera; pero te valiste del engaño para tirarme al agua. Tiene la divinidad un ojo vengador, y pagarás la pena al ejército de los ratones sin que consigas escaparte.

Diciendo así, expiró en el agua. Mas acercó a verlo Lameplatos, que se hallaba en el blando césped de la ribera; y, profiriendo horribles chillidos corrió a participarlo a los ratones. Así que éstos se enteraron de la desgracia, todos se sintieron poseídos de terrible cólera. En seguida ordenaron a los heraldos que al romper el alba convocaran a junta en la morada de Roepán, padre del desdichado Hurtamigas, cuyo cadáver aparecía tendido de espaldas en el estanque, pues el mísero ya no se hallaba próximo a la ribera, sino que iba flotando en medio del ponto. Y cuando, al descubrirse la aurora, todos acudieron diligentes, Roepán, irritado por la suerte de su hijo, se levantó el primero y les dijo estas palabras:

—¡Oh amigos! Aunque a mí solo me han hecho padecer las ranas tantos males, la actual desventura a todos nos alcanza. Soy muy desgraciado, puesto que perdí tres hijos. Al mayor lo mató la odiosísima comadreja, echándole la zarpa por un agujero. Al segundo lleváronlo a la muerte los crueles hombres, con novísimas artes, inventando un lígneo armadijo que llaman ratonera y es la perdición de los ratones. Y el que era mi tercer hijo, tan caro a mi y a su veneranda madre, lo ha ahogado Hinchacarrillos, conduciéndolo al fondo de la laguna. Mas, ea, armaos y salgamos todos contra las ranas, bien guarnecido el cuerpo con las labradas armaduras.

Diciendo semejantes razones, a todos les persuadió a que se armaran; y a todos los armó Ares, que se cuida de la guerra. Primeramente ajustaron a sus muslos, como grebas, vainillas de verdes habas bien preparadas, que entonces abrieron y que durante la noche habían roído de la planta. Pusiéronse corazas de pieles con cañas, que ellos mismos habían dispuesto con gran habilidad, después de desollar una comadreja. Su escudo consistía en una tapa de las que llevan en el centro los candiles; sus lanzas eran larguísimas agujas, broncínea labor de Ares; y formaba su morrión una cáscara de guisante sobre las sienes.

Así se armaron los ratones. Las ranas, al notarlo, salieron del agua y, reuniéndose en cierto lugar, celebraron consejo para tratar de la perniciosa guerra. Y mientras inquirían cuál fuera la causa de aquel levantamiento y de aquel tumulto, acercóseles un heraldo con una varita en la mano —Penetraollas, hijo del magnánimo Roequeso— y les anunció la funesta declaración de guerra, hablándoles de esta suerte: —¡Oh ranas! Los ratones os amenazan con la guerra y me envían a deciros que os arméis para la lucha y el combate, pues vieron en el agua a Hurtamigas, a quien mató vuestro rey Hinchacarrillos. Pelead, pues, los que más valientes seáis entre las ranas.

Diciendo así, les declaró el mensaje. Su discurso penetró en todos los oídos y turbó la mente de las soberbias ranas. Y como ellas increparan a Hinchacarrillos, éste se levantó y les dijo:

—¡Amigos! Ni he dado muerte al ratón, ni le he visto perecer. Debió de ahogarse mientras jugaba a orillas del lago, imitando el nadar de las ranas; y los perversos me acusan a mí que soy inocente. Mas, ea, busquemos de qué manera nos será posible destruir los pérfidos ratones. Voy a deciros la que me parece más conveniente. Cubramos el cuerpo con las armas y coloquémonos todos en los bordes más altos de la ribera, en el lugar más abrupto; y cuando aquéllos vengan a atacarnos, asgamos por el casco a los que a nosotros se aproximen y echémoslos prestamente al lago con sus mismas armaduras. Y después que se ahoguen en el agua, pues no saben nadar, erigiremos alegres un trofeo que el ratonicidio conmemore.

Diciendo así, a todos les persuadió a que se armaran. Cubrieron sus piernas con hojas de malva; pusiéronse corazas de verdes y hermosas acelgas, transformaron hábilmente en escudos unas hojas de col; tomaron a guisa de lanza sendos juncos, largos y punzantes; y cubrieron su cabeza con yelmos que eran conchas de tenues caracoles. Vestida la armadura, formáronse en lo alto de la ribera, blandiendo las lanzas, llenos de furor.



Entonces Zeus llamó a las deidades al estrellado cielo y, mostrándoles toda la batalla y los fuertes combatientes, que eran muchos y grandes y manejaban luengas picas —como si se pusiera en marcha un ejército de centauros o de gigantes— preguntó sonriente "¿Cuáles dioses auxiliarán a las ranas y cuáles a los ratones?" Y dijo a Atenea:

—¡Hija! ¿Irás por ventura a dar auxilio a los ratones, puesto que todos saltan en tu templo, donde se deleitan con el vapor de la grasa quemada y con manjares de toda especie?

—¡Oh padre! Jamás iré a prestar mi auxilio a los afligidos ratones, porque me han causado multitud de males, estropeando las diademas y las lámparas para beberse el aceite. Y aun me atormenta más el ánimo otra de sus fechorías: me han roído y agujereado un peplo de sutil trama y fino estambre que tejí yo misma; y ahora el sastre me apremia por la usura —¡situación horrible para un inmortal!— pues tomé al fiado lo que necesitaba para tejer y ahora no sé como devolverlo. Mas ni aun así querré auxiliar a las ranas, que tampoco tienen ellas sano juicio: pues recientemente, al volver de un combate en que me cansé mucho, me hallaba falta de sueño y no me dejaron pegar los ojos con su alboroto; y estuve acostada, sin dormir y doliéndome la cabeza, hasta que cantó el gallo. Ea, pues, oh dioses, abstengámonos de darles nuestra ayuda: no fuese que alguno de vosotros resultase herido por el punzante dardo, pues combatirán cuerpo a cuerpo, aunque una deidad se les oponga; y gocémonos todos en contemplar desde el cielo la contienda.

Así dijo. Obedeciéronla los restantes dioses y todos juntos se encaminaron a cierto paraje. Entonces los cínifes preludiaron con grandes trompetas el fragor horroroso del combate; y Zeus Cronida tronó desde el cielo, dando la señal de la funesta lucha.

Primeramente Chillafuerte hirió con su pica a Lamehombres, que se hallaba entre los más avanzados luchadores, clavándosela en el vientre, en medio del hígado: el ratón cayó boca abajo, se le mancharon las tiernas crines, y, al venir a tierra con gran ruido, las armas resonaron sobre su cuerpo. Después Habitagujeros, como alcanzara a Cienolento, le hundió en el pecho la robusta lanza: hizo presa en el caído la negra muerte y el alma le voló del cuerpo. Acelguívoro mató a Penetraollas, tirándole un dardo al corazón, y en la propia orilla mató también a Roequeso.

Comepan hirió en el vientre a Muchavoz, que cayó boca abajo y el alma le voló de los miembros. Gozalago al ver que Muchavoz se moría, adelantóse e hirió a Habitagujeros en el delicado cuello con una piedra como de molino y a éste la oscuridad le veló los ojos.

Grandemente apesarado Albahaquero hirió al ratón con el aguzado junco, sin que luego se le acercara para recobrar la lanza. Así que lo vio Lamehombres, dirigióle un brillante dardo y no le erró, pues se lo clavó en el hígado. Y como viera que Comecosto huía, cayóse al pie de la elevada orilla. Pero ni aun así cesó de luchar, sino que le hirió; y éste vino al suelo para no levantarse más; tiñóse el lago con la purpúrea sangre y el ratón quedó en la ribera envuelto en las delgadas cuerdas de sus intestinos.

Juncalero, al ver a Taladrajamones, entró en gran temor, tiró el escudo y huyó, echándose de un salto en el agua. El irreprensible Reposaenelcieno mató a Pastinascívoro y Gozaenelagua dio muerte al rey Roejamones, hiriéndole con un canto en la parte superior de la cabeza: el cerebro le fluía al ratón por la nariz y la tierra se manchaba de sangre.

Lameplatos mató al irreprensible Reposaenelcieno, acometiéndole con la lanza; y a éste la obscuridad le veló los ojos. Puerrívoro, al verlo, cogió por el pie a Oliscasado y, apretándole con la mano el tendón, lo ahogó en el lago.

Ladrondemigajas quiso vengar a su difunto compañero e hirió a Puerrívoro en el vientre, en medio del hígado: cayó a sus pies la rana y el espíritu de la misma fuese al Hades. Andaentrecoles, cuando lo vio, tiróle desde lejos un puñado de cieno, que le manchó el rostro y por poco no le ciega.

Encolerizóse el ratón y cogiendo con su robusta mano una enorme piedra que había en la llanura, verdadera carga de la tierra, con ella hirió a Andaentrecoles debajo de las rodillas: quebróse toda la pierna derecha de la rana, y cayó ésta de espaldas en el polvo. Vocinglero acudió en su auxilio y, acometiendo a Ladrondemigajas, le hirió en medio del vientre: envasóle todo el aguzado junco y, al arrancarle la pica con su robusto brazo, todos los intestinos se desparramaron por el suelo.

Y así que lo vio en lo alto de la ribera Habitagujeros —el cual, hallándose sumamente abatido, se retiraba del combate cojeando— saltó a un foso para escapar de la horrible muerte. Roepán hirió en la extremidad del pie a Hinchacarrillos; y éste, afligido, diose en seguida a la fuga y saltó el lago.

Alguívoro, cuando le vio caído y casi exánime, abrióse paso por entre los combatientes delanteros y acometió a Roepán con el aguzado junco, mas no logró romperle el escudo y en éste se quedó clavada la punta de la pica. Pero le hirió en el eximio casco de cuádruple penacho, haciéndose émulo del propio Ares, el divinal Catorégano, único combatiente que sobresalía entre la muchedumbre de las ranas. Mas arremetieron contra él y, al verlo, no se atrevió a esperar a los esforzados héroes y fue a sumergirse en lo profundo del lago.

Figuraba entre los ratones el mancebo Robaparte, señalado entre todos e hijo del irreprensible Roedor que acecha el pan. Roedor fue a su casa y mandó a su hijo que interviniera en el combate, y éste aseguró, braveando, que había de exterminar el linaje de las ranas. Púsose cerca de ellas con ganas de combatir reciamente; rompió por la mitad una cáscara de nuez y armóse metiendo las manos en ambos fragmentos. Temerosas las ranas fuéronse todas al lago. Y aquél hubiera llevado a cabo su propósito, pues su fuerza era grande, si no lo hubiese advertido en seguida el padre de los hombres y de los dioses. El Cronión se compadeció entonces de las ranas, que perecían, y, moviendo la cabeza, dijo de esta suerte:

—¡Oh dioses! Grande es la hazaña que van a contemplar mis ojos. Muy perplejo me dejó Robaparte al gloriarse fieramente de que ha de destruir las ranas en el lago. Mas enviemos cuanto antes a Palas, que produce el tumulto de la guerra, o a Ares, para que lo aparten de la batalla no obstante su valentía.

Así se expresó el Cronida, y Ares contestóle diciendo: —Ni el poder de Atenea ni el de Ares bastarán, oh Cronida, para librar a las ranas de la perdición horrenda. Mas, ea, vayamos en su auxilio todos juntos o mueve tu arma con la cual mataste a los titanes, que eran con mucho los mejores de todos; y de esta manera quedará domeñado el más valiente, como en otro tiempo hiciste perecer al robusto varón Capaneo, al gran Enceladonte y a las feroces familias de los Gigantes. Así dijo; y el Cronida arrojó el brillante rayo. Primeramente despidió un trueno, que hizo estremecer el vasto Olimpo, y en seguida lanzó el rayo —temible arma de Zeus— que voló, serpeando, de la soberana mano. Su caída a todos les causó pavor, así a las ranas como a los ratones; mas no por eso abandonó el combate el ejército de estos últimos, que hubiera esperado aún más que antes destruir el linaje de las belicosas ranas, si Zeus, compadeciéndose de ellas desde el Olimpo, no les hubiera enviado prestamente auxiliares.

De pronto se presentaron unos animales de espaldas como yunques, de garras corvas, de marcha oblicua, de pies torcidos, de bocas como tijeras, de piel crustácea, de consistencia ósea, de lomos anchos y relucientes, patizambos, de prolongados labios, que miraban por el pecho y tenían ocho pies y dos cabezas, indomables: eran cangrejos, los cuales se pusieron a cortar con sus bocas las colas, pies y manos de los ratones, cuyas lanzas se doblaban al acometer a los nuevos enemigos.

Temiéronles los tímidos ratones y, cesando en su resistencia, se dieron a la fuga. Y al ponerse el sol, terminó aquella batalla que había durado un solo día.



viernes 10 de abril de 2009

La Semana Santa empezó temprano este año.

Quizás estoy muy perdido con la programación chilena (no sería raro, yo veo casi exclusivamente cable porque tragarme seis horas diarias de "Los Simpsons" en el canal del angelito...), pero esta vez se adelantaron el quién vive unos a otros, peor que en la guerra de las teleseries, porque la programación de Semana Santa empezó en Jueves Santo, no como solía ser en tiempos más decentes, que el asunto principiaba en Viernes Santo. En fin...

...Canal 13, el de la Universidad Católica, atacó con "La Pasión de Cristo". Como corresponde al único canal abiertamente católico de Santiago de Chile, presentaron la versión de Cristo con más gore y violencia de todas. Quizás la escena de la crucifixión en "La vida de Brian" les pareció que tenía demasiada poca sangre. En fin, canal católico, hay que mostrar a Cristo sufriendo bien sufrido, no sea que se nos olvide que él murió para salvación de todos nuestros pecados. Bien por Mel Gibson, reconocido por tener una capillita en su casa para celebrar misas en latín (bueno, así se dice) y por sus jocosos comentarios antisemitas. Ya sabemos quiénes son responsables de matar al Redentor de la Humanidad: los judíos. Y nosotros, abominando de Hitler.

...UCV TV, el otro canal católico, se lo tomó un poco más a la ligera y se embarcó con "Demetrio el Gladiador". El problema es que esta película, protagonizada por el buenazo de Victor Mature, es una secuela, una segunda parte, y si no has visto la primera parte, puede que te quedes un poco perdido sobre cómo demonios el tal Demetrio obtuvo el manto sagrado de Jesús. Pero lo obtuvo y vivió aventuras con él, eso es lo que cuenta.

...La Red decidió ponerse sionista, y recordó que la Ultima Cena, la del Jueves Santo, en realidad era la cena de la Pascua judía, que Jesús celebró como buen judío que era (¿no me creen? Lean los Evangelios, hijos míos...). Y la Pascua Judía, ¿de dónde viene? Pues de la fuga de Egipto, como lo recuerda el Libro del Exodo. Así es que... ¡"Los diez mandamientos"! Bueno, no es como para quejarse. Fue la última película del gran director Cecil B. DeMille, la mejor de toda su carrera, y además tenía a recientemente finado Charlton Heston como Moisés, y al gran Yul Brynner como Ramsés. ¿Alguien sabe si van a programar ese remake bastardo de esta película, que fue "El príncipe de Egipto"...?

...y MEGA programó "El manto sagrado". A ver, déjenme ponerlos en contexto. UCV TV programó "Demetrio el gladiador", que es secuela de "El manto sagrado" (el tal Demetrio es el secundario de lujo de ésta, pero para la secuela los protagonistas de la primera no estaban disponibles porque terminan muertos... ups, spoiler del final, debí avisar...). ¿Cómo rayos se las arregla el espectador que quiere ver entonces cómo continúa la historia del manto sagrado? Bueno, el Viernes Santo a las ocho de la mañana dan "Demetrio el gladiador". Y no la dan ni MEGA ni UCV. La da el Canal 13 (live to learn...!).

La alternativa: TVN, masacrando a las mentes infantiles con esa plasta de vaca que es "Scooby Doo" (no IMDb link here). Les reviento el final para que no sufran si no la han visto: el villano es Scrapy Doo. (Sí, la sufrí en el cine. Pero era el Día del Cine. La entrada me costó sólo 1000 pesos. Sufrí, pero menos).

¿Y yo? Viendo "Drácula", de John Badham. Con Frank Langella, Donald Pleasance, Laurence Olivier y Kate Nelligan. De 1979. Ya lo sé, me voy a ir al infierno por ver una peli del Hijo del Demonio en Jueves Santo. Pero no me voy solo. Conmigo se va toda la plana mayor de TCM, que la programaron, herejes infieles...

lunes 6 de abril de 2009

"24": Siete años y contando...

ADVERTENCIA: Este posteo revela aspectos de la trama de las quinta, sexta y séptima temporadas de "24". Si no las has visto y planeas verlas, no deberías leer este posteo.



Jack ha vuelto. Con las pilas cargadas. O algo así. En el cable, en Enero pasado, ha empezado la agitada séptima temporada de "24". Mantener una serie vigente siete años después es toda una proeza, y eso los productores de "24" lo saben. Una serie de circunstancias provocó que la serie cayera en picada, pero como no hay que matar la gallina de los huevos de oro, tiraron el último manotazo de ahogado. Repasemos un poco.

La quinta temporada de "24" fue brillante. "24" siempre se las arregló para ser una serie políticamente incorrecta. Los demócratas podían odiarla porque su personaje principal torturaba a mansalva, en pos de un bien superior, y los republicanos también porque los villanos no solían ser tanto las amenazas exteriores, como las oscuras conspiraciones fácticas que trataban de manejar al Gobierno, o simplemente apoderarse de él, para cumplir con sus ambiciones secretas. Todo eso alcanzó un peak en la quinta temporada, en que el villano era nada menos que el Presidente de los Estados Unidos, Jack Bauer pronuncia su frase "vamos a derrocar al Presidente de los Estados Unidos" al final de un capítulo, y vemos impagables escenas de acción, como por ejemplo una planta de gas explotar, o el intento por tomar un submarino y lanzar misiles sobre Los Angeles. ¿Qué podía venir para la sexta temporada entonces?



La respuesta: un fiasco. Probablemente nadie esperaba que la sexta temporada superara a la quinta, pero tampoco nadie esperaba que fuera tan inenarrablemente mala. En el primer episodio, Jack Bauer regresa a Estados Unidos después de haber estado prisionero en China, sólo para ser sacrificado, pero con una vuelta tontísima de guión, concretamente un malvado confesándose abiertamente como el malvado al peor estilo de villano de opereta de James Bond, Jack Bauer descubre la conspiración, se salva a sí mismo completamente atado con la muy gore escena de masticarle la yugular a un terrorista, y se libera. Los primeros cuatro capítulos, al menos, se defendían porque venía un ataque nuclear, y de hecho, una periferia de Los Angeles es volada con una explosión nuclear al final del cuarto capítulo. Hasta ahí íbamos bien. De ahí empezó el desastre.

En primer lugar, ya una bomba nuclear había detonado en territorio de Estados Unidos, en la segunda temporada, aunque en descampado, y no hay señales de que nadie recuerde eso en la sexta. En segundo lugar, el Presidente de Estados Unidos era Wayne Palmer, el hermano del bienamado Presidente David Palmer, en uno de los giros más penosos de la serie, porque no creo que haya fanáticos que defiendan a Wayne Palmer como un personaje medianamente interesante. En tercer lugar, después de mostrar una explosión atómica al comienzo, es poco lo que se puede hacer para levantar una trama cada vez más alicaída. En cuarto lugar, metieron con calzador a personajes de temporadas previas, y su aparición en realidad no aportó nada. En quinto lugar, a la altura del episodio 20 habían terminado toda la historia, y para seguir rellenando el asunto hasta el capítulo 24, tuvieron que cerrar la subtrama de los chinos. Y en séptimo lugar, pero no al último, resultó que los malvados de la quinta temporada, que controlaban todo ominosamente desde las sombras, y que se atrevían a darle órdenes al Presidente de los Estados Unidos además de mandar matar a un ex-Presidente, al bienamado David Palmer, resulta que eran el padre y el hermano de Jack Bauer, así es que pasamos automáticamente al terreno "Melrose Place".

Para colmo, la séptima temporada fue demorada por la huelga de guionistas, en un año. ¿Alguien iba a estar dispuesto a esperar un año por una serie que iba arrastrándose de manera tan penosa?



Los productores decidieron aprovechar el tiempo haciendo un telefilme de "24" que estuvo no demasiado brillante, pasando por supuesto la opinión de General Gato, que parece se lo disfrutó a tope (por cierto, General, todavía estamos esperando las nuevas entregas sobre James Bond y sobre la historia de Estados Unidos...). El telefilme no tenía la chispa ni suspenso de la serie televisiva, y para colmo, las subtramas del mismo ni siquiera se reunían en algún punto, lo que debe ser bastante fastidioso para el espectador casual que no tiene intenciones de bancarse la séptima temporada entera para ver cómo se reunían esas historias. Pero al menos "24" no estaba muerta, había voluntad de continuarla, y los productores estaban conscientes de lo que se jugaban.

En la séptima temporada, la serie entera fue reformateada. No mucho tampoco, porque no pueden alejarse del patrón preestablecido, y así vemos que muchos cambios son en realidad cosméticos, meras variantes de lo ya visto. Pero al menos lo hicieron bien. Veamos un poco.


Jack Bauer está al inicio de la séptima temporada en Washington. Está siendo juzgado por el Senado, debido a que éstos, en un inusitado intento por defender los derechos humanos, han ordenado el cierre de la CTU y están investigando a Jack Bauer por el delito de pasársele la mano en los interrogatorios (¡que torturaba gente, vamos!). En medio de la audiencia, Jack Bauer es sacado por instrucción del FBI, para que los ayude con una crisis terrorista: el CIP, un firewall del Gobierno de Estados Unidos, ha sido hackeado por un terrorista. La ayuda de Jack Bauer es fundamental porque el terrorista es nada menos que Tony Almeida, antiguo compañero de Jack Bauer, y uno de los personajes más carismáticos de la serie, y que desde la quinta temporada se le suponía muerto. Jack Bauer es emparejado, profesionalmente hablando, con la agente Renee Walker, una agente de campo del FBI fastidiada con sus superiores porque a diferencia de la CTU, en el FBI respetan la legalidad y los derechos humanos, mientras que ella sabe que se deben romper las reglas a veces para obtener resultados. Ambos tratan de interrogar a un testigo, pero la presencia de un francotirador se lo impide. Siguiendo al francotirador, Jack Bauer encuentra a Tony Almeida, y logra capturarlo. A partir de ahí las cosas se pondrán más difíciles: Tony Almeida le revela subrepticiamente a Jack Bauer que algunos miembros de CTU, concretamente los personajes carismáticos de los cuales no se podía prescindir para que "24" siguiera teniendo algo de "24", siguen en clandestino combatiendo una amenaza terrorista, y que ésta, una vez más, ha extendido sus tentáculos profundo dentro del Gobierno. Ahora, Jack Bauer, una vez más aliado con Tony Almeida, traiciona al FBI y se transforma en agente fugitivo para combatir la nueva amenaza.

Hasta el momento, nada nuevo bajo el Sol. La reaparición de Tony Almeida es un tanto penosa, y nunca consigue hacernos creer que de verdad se ha vuelto un villano, por muchas caras de malvado que trate de poner, de modo que el gran giro "el bueno se volvió malo pero seguía siendo bueno al final" tiene bien poco suspenso. Pero por otra parte, nos revelan pronto su verdadero estatus, así es que no juegan con el suspenso de lo predecible en este aspecto. Ya no hay CTU, pero hay FBI, o sea, otra agencia gubernamental que hace más o menos lo mismo que hacía la CTU, pero más limpio. Otra vez hay enemigos de Estados Unidos tratando de crear amenazas terroristas, y otra vez hay gente dentro del Gobierno conspirando a favor de dichas amenazas. O sea, algunas cosas han cambiado en el universo de "24", pero se las han arreglado para que esos cambios sean más bien cosméticos, y la verdadera esencia de la serie, para bien o para mal, siga intacta.


Pero aún así, la serie tiene algunos hallazgos interesantes. El mejor de ellos es, por supuesto, la agente Renee Walker, interpretada por Annie Wersching. Como que intuimos que ella es el complemento perfecto para Jack Bauer, acaso su futura padawan, por su tendencia a sentirse asfixiada por las reglas y los procedimientos, y a saltárselos, salpimentados con un poco de tortura improvisada si es preciso, para obtener resultados más diligentes en situaciones de crisis. Por otra parte, aunque el FBI cumple más o menos el rol de la CTU en temporadas anteriores, el cambio de escenario permitió poner oficinas más luminosas y un aire más burocrático, reemplazando la cavernaria base de operaciones que la CTU tenía en Los Angeles. La nueva Presidente de los Estados Unidos, primera mujer al mando según la serie, se ha ido revelando poco a poco como todo un personaje, con su atenta preocupación por principios e ideales que van más allá de la política contingente. Y si bien hay acción, balaceras y choques de vehículos, han tratado en general de darle un aspecto un poco más realista que en las dos últimas sesiones.

En general, podemos decir que "24" ha tratado de adaptarse un poco a los nuevos tiempos. En las primeras temporadas, "24" jugaba mucho con el espíritu post 9-11, con el miedo al terrorismo como principal amenaza, y con la percepción ciudadana de que dentro de la Administración Bush habían oscuros poderes en la sombra manipulándolo todo por sus propios intereses. Jack Bauer resultó ser el héroe perfecto, un tipo que está dispuesto a la defensa cerrada de ciertos ideales, sin reparar en los métodos, y esto lo hacía muy de esa época. Pero ahora, con Barack Obama en la Casa Blanca, con un discurso público dirigido ahora no contra el terrorismo sino contra las corporaciones, y en medio de una crisis financiera de proporciones, no mucha gente quiere seguir oyendo hablar de los terroristas. En medio de este ambiente, "24" ha traído al primer plano, dentro de su universo narrativo, las preocupaciones por los derechos humanos, por los límites de lo correcto, y por las complicadas relaciones entre la política, los negocios y el terrorismo, todos elementos que alguna vez hicieron grande a esta serie, y le dieron una categoría superior a la de un mero thriller de acción. En ese sentido, si bien no puede decirse que la séptima temporada de "24" sea la mejor o la más brillante de todas, ni siquiera que sea tan impredecible y tensionante como otras más antiguas, al menos es un esfuerzo digno y honesto por mantener la serie a flote, y que además funciona. Se viene rumoreando con fuerza que la serie se acabaría en su octava temporada, y si la octava temporada es tan buena como lo que va de la séptima, entonces será un más que digno final para una serie que marcó como ninguna otra lo que significó la década de 2000 y el universo post 9-11.